El pasado fin de semana, del 20 al 22 de este septiembre,
tuvimos un encuentro en La Alberca organizado por la Agrupación de Acuarelistas
de Castilla y León, parecido a los que teníamos hace años impulsados por el
Ayuntamiento de esta localidad salmantina y la cátedra de Arte del profesor
Carralero en la Universidad de Salamanca. Precisamente ha sido esta una ocasión
de recordar al maestro acuarelista Ricardo de Arce Bilbao, que siempre nos
acompañaba, y que falleció a principios de este año; fue presidente de la Agrupación Española de
Acuarelistas, AEDA, la española más antigua, con sede en Madrid, de la que era entonces
el mayor número de participantes en los encuentros y al frente de todos ellos
su entonces Presidente, Jaime Galdeano, al que sucedió Ricardo de Arce.
Naturalmente, ya en L Alberca, en cuanto pude me acerqué al
hotel Las Batuecas, donde esperaba ver todavía los maravillosos cuadros de García
Bonillo que antaño estaban en el salón que hay a la entrada; y con cierta
desconfianza de que siguieran allí, porque la última vez que los ví había uno
menos, y dado su valor siempre he temido que el hotel los vendiera o su dueño
se los quedara en otro lugar. Pero no, allí estaban tan bellos como siempre.

Fueron tres jornadas de pintar mañana y tarde, un tanto duras
para mi edad, aunque de verdad se disfruta enormemente pintando las tortuosas
calles de este pueblo serrano. El domingo, esperando, en la exposición que en
la Plaza Mayor hicimos de todo lo pintado, la resolución del concurso que había
convocado la organización y que nos cayera alguno de los estupendos premios que
ofrecían los patrocinadores, mi hijo Juan,
que había venido también al encuentro y participaba en el concurso, me dijo que
acababa de conocer a un albercano poseedor de varias acuarelas de García
Bonillo, que estaba por allí, al que había hablado de este blog y que podía
presentármelo.
Enseguida dejé todo para conocerle. Era Alejandro Hoyos
Marcos, que me explicó que hace muchos años conoció a García Bonillo porque se
hospedó en su casa cuando vino a pintar a la Alberca, y que le regaló bastantes
cuadros suyos, como también lo habían hecho por lo mismo otros pintores como
Visconti y Rejano (de este último hay unas cuantas buenas acuarelas en el hotel
albercano doña Teresa), también fallecidos ya.
Quedamos en que me mandaría fotos, como así hizo de varios
de las de los mencionados y después de cuatro de las de García Bonillo, que
tenía en su casa, indicándome que tiene más de éste pero están en carpetas sin
enmarcar.
He esperado unos días a que me mandara más, pero como se
retrasa, publico ahora las cuatro que me ha mandado y vuelvo a pedirle fotos de
las demás, que ya daremos en otro post.
Las cuatro acuarelas cuya foto reproduzco son magníficas,
dos de ellas de la propia Alberca, con gran parecido a las que se pueden ver en
el hotel Las Batuecas, y otras dos creo de fuera. Una de estas es de un género
del que no le conocía nada parecido al maestro, un vaso de agua con flores,
pero que tiene la pincelada suya típica del contraste de claros y oscuros,
siguiendo su estilo que he llamado de realismo mágico.
Una segunda creo es típica de otras suyas de La Alpujarra,
pero no he encontrado, entre las que hemos publicado en este blog, ninguna con
el mismo tema, solo parecidas.

En cuanto a las dos de La Alberca, una es de la típica calle
empedrada y de casas con fuertes contrastes de luz y con aleros recortados a
contraluz, muy al estilo de las dos acuarelas de calles que conserva el hotel
Las Batuecas, pero con una diferencia importante, que aquellas están pintadas
en tonos grises mientras que a esta le ha dado un baño importante de azul que
la hace muy atractiva. Tampoco he encontrado en la publicadas en este blog ese
tono azul tan especial, aunque repasándolas aprecio que en otros casos se aproxima
dando al conjunto un color azul pero más cobalto, y en otros verdoso. Este es
un azul más ultramar que, para mi gusto, añade algo más de magia a la acuarela.
La vista de la calle está tomada más desde la acera izquierda, en vez desde el
centro -como están tomadas las dos del hotel Las Batuecas-. Y como siempre, increíble
el trabajo en húmedo, sin apenas transiciones. Uno de los maestros que ha
estado estos días con nosotros, el segoviano Frutos Casado (por cierto
seleccionado recientemente entre los mejores 20 acuarelistas españoles) me
confirmaba que él tampoco entendía como conseguía García Bonillo esos trabajos
en húmedo de las calles de la Alberca.
La segunda acuarela que ahora recojo, también de la Alberca,
es una de las típicas de campo y agua de las que hay varias en el hotel Las
Batuecas, como éstas con árboles y algunas tierras muy en tonos gris oscuro y
otras zonas de color verdoso de la maleza contrastando con un tierra siena
tostada próximo en las zonas transitables. En fin, extraordinaria también.